
¿Qué hacemos?
El grupo de Trabajo sobre Sí es un espacio de encuentro, crecimiento y transformación.
Durante dos horas semanales y con compromiso de continuidad de octubre a junio, trabajamos desde la escucha, hacia la presencia de nuestro organismo vivo y la conciencia del corazón. En el Grupo de Trabajo sobre Sí vamos construyendo un campo de cuidado, respeto y no juicio, donde cada ser pueda sentirse incluido y apoyado en su crecimiento.
El trabajo se apoya en el Movimiento Vital Expresivo (MVE), una práctica que nos invita a reconectar con la sabiduría del cuerpo y a recuperar la libre circulación de la energía que fluye en él. A través del movimiento, la respiración, el contacto y la expresión emocional, el cuerpo se convierte en un templo vivo, un canal de apertura y de conexión con lo esencial. El movimiento por imitación nos ofrece la posibilidad de nutrirnos a través del otro, flexibilizando las estructuras rígidas que nos alejan del sentir y permitiendo que la dimensión del Ser vuelva progresivamente a ocupar el lugar central que le pertenece.
En cada encuentro damos espacio también al despliegue de la atención en los diferentes cuerpos y centros de energía, ampliando gradualmente la experiencia de nosotros mismos y nuestra presencia sentida, como forma plena de contacto con el presente.
Es desde esta experiencia ampliada de mí misma que se hace posible una forma nueva de encuentro con el otro: un espejo de resonancia donde puedo reconocerme y encontrar reconocimiento en el otro, donde la pertenencia y la inclusión revelan su dimensión más humana.
En la medida en que vamos nutriendo con el movimiento la vitalidad, la alegría y los apoyos esenciales del Ser, el movimiento nos invita también a profundizar en aquello que se nos repite: los patrones, las heridas, lo interrumpido… Es en esta matriz grupal, que sostiene y contiene, donde vamos abriendo el corazón para abrazar nuestra sensibilidad y nuestra vulnerabilidad.
A lo largo del curso, incluimos también espacios de integración donde compartimos lo vivido y damos voz a la experiencia, lo que nos permite resignificar nuestra historia y recuperar la intimidad, la dignidad y el amor propio. Así, el grupo es un tejido vivo de presencia y resonancia, una comunidad donde cada movimiento de sanación individual repercute en la totalidad y nos invita a reconocer que juntxs tiene más sentido.
Desde hace más de quince años acompañamos este camino de transformación, integrando el trabajo de Río Abierto con otras herramientas como la Gestalt, la terapia somática, la mirada sistémica, el Movimiento Auténtico y la mediación artística, entre otras.
Todo este recorrido conforma una práctica viva que honra lo sagrado de la Vida, el cuerpo como morada del alma y el encuentro humano como vía de expansión de la conciencia, tejiendo así una cultura grupal que se apoya en un orden de Amor y de Misterio que nos contiene a todxs.
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.»